Se apaga la voz,
pero no el eco.
Tus versos caminan aún
por las calles del alma,
como faroles encendidos
en la noche del recuerdo.
Tu ausencia es semilla:
germina en cada lector,
en cada lágrima que se vuelve canto,
en cada silencio que se abre al misterio.
Hoy te decimos adiós,
pero tu palabra nos queda,
como río que no cesa,
como viento que no muere.
Descansa, maestro,
que tu poesía ya es eternidad,
y tu memoria,
un altar de luz en nuestra historia.-
Amalia lateano
@R.

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