Translate

miércoles, 18 de junio de 2008

Esta canción


Esta canción
Me recuerda
Los acordes de Aranjuez,
Por sus cuerdas
Tu guitarra
En esta dádiva clara del viento
Que sólo me dice
Que se lleva todo...

viernes, 9 de mayo de 2008

MI DIOS




Tú que eres total Esencia.
Mi Deidad originaria
Esencia extraordinaria
 Y jerarquía y  consciencia.
Dame tu sutil sapiencia.
No la desesperación
que se funde en contorsión
Reclamando la Palabra
Para vencer la macabra
 Triste  hora del   crespón.

AMALIA LATEANO

jueves, 8 de mayo de 2008

García Marquez, Gabo

Los pueblos que desaparecen en Argentina se parecen a MACONDO.
He vuelto a la relectura de Cien años de soledad (1967), escrita por Gabriel García Márquez durante su exilio en México.Narra en tono épico la historia de Macondo, pueblo que acaba sepultado y destruído por las guerras y el progreso. Así como la de sus fundadores, la familia Buendía a lo largo de cien años.
Toma el nombre de Macondo de una hacienda próxima a Aracataca, que García Márquez convirtió en uno de los referentes geográficos literarios más inolvidables, como el escritor estadounidense Faulkner había hecho con su condado de Yoknapatawpha (Mississippi).
Esta novela, que escribió en dieciocho meses, muestra ya el estilo consolidado del autor. gabo maneja con maestría sus mundos oscuros y obsesiones, y que, con pequeños matices, constituye el núcleo principal de toda su obra.
El autor dice que su mundo mágico proviene de las leyendas y relatos fantásticos que leyó en su infancia y que le permitieron desarrollar una imaginación desbordada cargada de imágenes obsesivas. Por otro lado, su formación literaria le llevó a escribir historias lineales (con principio y final secuencial) sobre situaciones comprensibles y reales, y personajes identificables, situando como fondo la historia de Colombia y la denuncia de la injusticia social, basándose en el mundo real. De la combinación de estos dos mundos surge el realismo mágico.
Todo ocurre en una pequeña aldea creada por sus habitantes; Macondo.
La historia gira en torno a la familia Buendía y a su pueblo.
A lo largo de la historia vemos un mundo de fantasía y magia alrededor de la familia Buendía y su pueblo. Para ellos todo lo que viene de fuera del pueblo es algo nuevo, diferente, desafiante y excitante, desde una simple sortija hasta una alfombra voladora.
La historia nos muestra el lado más negativo de las personas desde una mirada sociológica y de perspectiva global del pueblo.Todo está casi pautado por el pesimismo que va acompañado de la soledad como castigo a lo vivido.
Así, el coronel Aureliano Buendía, es un ser legendario. Sin embargo,la muerte es su compañera. Su mujer, Remedios, muere después de la boda. Sus diecisiete hijos ilegítimos, mueren todos asesinados, victimas de un atentado sangriento contra la familia. Él mismo, jefe del partido liberal, escapó a catorce atentados, sesenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Compartió el común destino solitario de toda la familia, se retiró, y vivió lo que le quedaba de vida de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller.
Los dramas son la característica de la novela; los celos de Amaranta a Rebeca las tragedias y catástrofes creadas por la belleza inhumana de Remedios la bella, la milagrosa riqueza y luego la miseria de Aureliano Segundo…
Cada miembro de la familia Buendía agrega su parte de angustia personal a la herencia de José Arcadio, y a la vez, reproduce el destino de un antecesor.
La repetición de los nombres principales de familia tienen unas características: Mientras los Aurelianos eran retraídos, pero inteligentes, los José Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un destino trágico.
Mientras nacen y mueren los Buendía, Macondo crece, se enriquece, se arruina, y, finalmente, desaparece.
Es importante destacar la maldición del incesto que Úrsula no dejaba de advertir y que al final se cumplió con el hijo de Amaranta y Aureliano, tía y sobrino, que al nacer tuvo cola de cerdo. Otro personaje puntual es Melquíades en la familia. Está al lado de los Aurelianos.
Presiente el destino de la familia y lo escribe en unos pergaminos, que no serán descifrados, hasta que pasen cien años por Aureliano.
El final de la novela es la trágica manera con la que Gabriel García Márquez decide poner fin a los Buendía y a Macondo:Al muchacho con cola de cerdo se lo comen las hormigas y Arcadio está destinado a morir, en el momento que termine de descifrar los pergaminos centenarios de Melquíades.
Cien años de Soledad es ua obra emblemática.Dirán algunos que es una fábula.Pero es la crónica completa de Macondo confundida con la historia de la familia Buendía que fundó el pueblo.
El patriarca, José Arcadio Buendía, marca la dinastía con el sello de la desmesura imaginativa y el delirio inventivo. No quiero pecar de soberbia pero mi puenlo tiene mucho de MACONDO.
Sospecho que también vendrá la muerte a los personajes, y su soledad sérá como un castigo por el sencillo hecho de haber actuado como seres sin alma

miércoles, 12 de marzo de 2008

ORIENTE CLANDESTINO



Vivía en un solaz seguro de África rodeada de la rural belleza salvaje de Marruecos.
Allí había nacido. Recibió la educación primaria en la escuela de la Comunidad. Luego viajó a Inglaterra, junto a otras jóvenes, bajo la supervisión de una tutora enviada por el Consejo. Se recibió de médica.
Su familia, de los Imazigen, tiene una organización social, tribal y patriarcal, con un Anciano que rige los destinos de la tribu, y un Consejo local, que refrenda las decisiones. Se dice que la Comunidad, llamada el “ Yamá'as”, es quien aplica las leyes.
Pertenecía a la etnia Ghomara y como toda mujer berberisca tenía más libertad que la árabe.
Se podría decir que fueron las horas libres las causantes del desatino.
Era de belleza singular. Resaltaban sus ojos negros.
La concepción del tiempo allí no se parece en nada a lo que nosotros conocemos, el tiempo allí no es oro, es período, no vale nada y a su vez es lo más meritorio porque a veces es lo único que se disfruta. No existe ese pensamiento de que el tiempo no utilizado en algo “rentable”, es tiempo perdido. Muchas veces es tiempo ganado para sobrevivir.
Y tenía mucho tiempo libre. Se unió al más conocido Organismo Internacional para efectuar la vacunación.
Más de medio millón de niños y niñas menores de cinco años fueron inmunizados contra el sarampión y la poliomielitis durante la primera fase de la campaña de profilaxis de niños vulnerables, en la República.
La campaña alcanzó a tantos niños y niñas porque los equipos de movilización social, a través de su coordinación, difundieron la información acerca de la vacuna gratuita.
Esas labores revistieron particular importancia en toda la zona, donde la mayor parte de la población es y sigue siendo nómada, y no estaría al tanto de la campaña, de no mediar el trabajo de su equipo.
Ella precisaba la información mediante programas radiales, carteles y oriflamas. También propagaba el mensaje por medio de altavoces instalados en automóviles y realizando visitas domiciliarias individuales.
Fue una de las muchas residentes de Kibera, el tugurio urbano más grande que colaboró con la misma. Recorrió los accidentados caminos y senderos gritando: -- "¡Vengan hoy mismo a vacunar a sus hijos!".

Y allí lo vio al árabe. Sentado frente a su almacén. Como esperándola...
Zarina Issheni, de Marruecos, era respetada por su condición y por su alto nivel intelectual. Así la llamaban por su porte de princesa. Ejercía la medicina y participaba en los Congresos, pero su identidad siempre se vio agredida y menospreciada por los árabes.
Esto es el motivo que me lleva a pensar, si fue un ataque de locura, de lujuria o si un diablo participó para que realizara el acto que marcaría su Destino.
Es mejor recordar que en la actualidad el Oeste de África, sobre todo y con mayor gravedad en esta República, la cuestión de la identidad es la que se presenta del modo más apremiante y atormentado.
El Magreb es sin duda, uno de los inconvenientes a los que el mundo se enfrenta con mayor efervescencia. Por esto, la cuestión trataré de abordarla con gran serenidad y recurriendo a los datos históricos, sociológicos y lingüísticos que conozco.
Es difícil comprender esta reacción.
La tirantez entre las distintas etnias ha sido una de las principales fuentes de conflictos en el país. A comienzos de los años 1990, disturbios interétnicos indujeron la muerte de miles de personas y dejaron a decenas de miles sin hogar.
En el año 1999, precisamente, ocurrió este encuentro no previsto.
Esto es lo que sé.

El Magreb proyecta hacia el mundo su condición árabe. Por su lado, lo bereber, eminentemente rural y con reminiscencias ancestrales, se desmorona ante la evolución de unas sociedades que se orientan en direcciones que niegan o desprecian sus valores. Casi se podría decir que no existe. Mientras que lo árabe se asocia a lo nacional y a lo oficial, la intelectualidad bereber es vigilada como enemiga del Estado y potencial germen disociador del presunto bloque histórico y político de la región, y por tanto es una “intelectualidad controlada”, y bajo sospecha perpetua de posible felonía a los intereses del Estado.
Lo árabe, está normalmente vinculado a las ciudades y a los poderes establecidos tras las independencias formales.
Les diré que el idioma es el
Swahili e inglés.
Los bereberes o imazighen, herederos de una lengua antiquísima, y de una cultura milenaria, son presentados muchas veces como las víctimas históricas de la agresividad del Islam.
El irredentismo bereber, ya sea moderado o radical, despierta fácilmente simpatías en determinados medios sensibles a las cuestiones nacionales no resueltas, y con frecuencia es utilizado como arma política en debates y contextos.

Acaso, me pregunto, Zarina, no lo sabía...
La cultura de Marruecos es muy diversa, dadas las enormes diferencias entre los distintos grupos étnicos que conviven en el país. La influencia de la colonización británica se manifestó sobre todo en el uso extendido de la lengua inglesa en los ámbitos tanto comercial como cultural.
La mayor parte de la literatura está escrita en inglés, si bien algunos autores, como Rocha Cimera han hecho del
Swahili su lengua literaria.

Pero no. Ella ignoró lo que debía defender.
De sus ancestros recibió la sapiencia que se convivía con dos lenguas: la primera integrada por: “ árabe” y “berebere”. La segunda, el inglés.
Distinguía las diferentes sabidurías que representan y poseen cada una de ellas, con sus distintas normas.
Mientras que el árabe goza del carácter de lengua cuasi-oficial de los Estados de la zona, el bereber es relegado habitualmente a la marginalidad, y cualquier intento por revitalizarse ocurre de modo casi clandestino. Esta dualidad es explicada en términos de supremacía: los bereberes autóctonos son respetados, a veces, como un género de vestigio del pasado preislámico de la región en trance de esfumarse ante la superioridad y ascendiente, en todos los terrenos de lo árabe.

Zarina lo obvió.
Fue verlo, y preguntar a su auxiliar más cercano, cuál era su nombre.
Le contestaron: Jalil.
Y ella se acercó para verlo de cerca, con la excusa de preguntar si tenía niños para vacunar. Habló en inglés.
Él respondió también en inglés que no.
Y la invitó a entrar a su comercio.
Lo hizo, seguida por su colaboradora que miraba los productos de la tienda como buscando algo especial...

La joven Zarina, de sólo treinta y tres años, conocedora de la lengua árabe, comenzó a dialogar con el muchacho en Magreb.
Su asistente la miraba atónita._ ¡¡No podía hablar en árabe con un desconocido!!-pensó.

Al regresar al hospital la enfermera fue con un Representante del Consejo, y contó los hechos que había presenciado.

La buscaron por días y meses, y nunca la hallaron.

Sé que viajaron clandestinamente a España, escapando como dos perseguidos en un barco pesquero, cuyo dueño, un marroquí, les dio espacio en su bodega, por una cantidad de miles de dólares.
Desembarcaron sigilosamente, en la noche, en el puerto de Algeciras. Uno de los puertos del Estrecho, que por su ubicación estratégica entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, tienen un intenso movimiento de mercancías y de pasajeros. El Estrecho de Gibraltar es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Nadie presta mucha atención a los barcos pesqueros.
Distinto ocurre en la terminal de ferrys que salen hacia Tánger en el Puerto de Tarifa que posee muelles para pesca y pasajeros. Allí si es más cuidadosa la Aduana, porque está muy cerca del centro de la ciudad, y dispone de instalaciones como son una fábrica de hielo, y locales de armadores y casetas para industrias de pesca, donde los contrabandistas hacen de las suyas.


Comenzó a llover y sus ropas se mojaron. Escaso era el equipaje de los fugitivos. Sólo tuvieron tiempo de levantar cada cual todos los objetos de valor que le pertenecían. El muchacho tenía en su bolsa dinero que fue ahorrando porque siempre quiso salir de esa constreñida realidad que lo asfixiaba. Además traía cinco preciadas alfombras que trasladaba con suma delicadeza, y de las que era dueño absoluto. Estaban cuidadosamente embaladas.
Estaban juntos por amor. Sin embargo, ambos buscaban más libertad. Las dos causales cerraron el estrecho lazo que los anudaba cada vez más fuerte.

Se refugiaron en una pocilga frente a la estación de trenes.
Estuvieron no más de quince días mientras tramitaban los papeles y documentos para llegar a Argentina.
Viajaron en avión, y a ella le afectó el cambio climático.
Una bronquitis fue la primera enfermedad que soportó en la nueva tierra.

Se instalaron en Rosario, una de las más hermosas ciudades de la provincia de Santa Fe. En el campo, el joven buscó a sus paisanos que sabían de su llegada. Era astuto como todo árabe. Y había hablado por teléfono para que le dieran trabajo y alojamiento.
Eran sus primos y no sólo los ayudaron sino que les hicieron regalos y hasta una fiesta,
Mayor fue la alegría cuando decidieron casarse, y en la casa de su tío, les prepararon el agasajo. Y se celebraron las nupcias.
Pasaron en esa localidad casi dos años, y al estar ella encinta de su segundo hijo decidieron comprar una residencia en un barrio cerrado, en la Capital Federal.
Privado y seguro.
Para allí partieron luego de una larga despedida de sus parientes que les regalaron dinero, joyas y ropas de muy buena calidad.
En “LOS PINARES” residían desde hace más de once años.
Es un chalecito hermoso en el barrio. Rodeado de vecinos ocupados en sus cosas que no preguntaban nada.
Compartíamos el ámbito colindante a la derecha de mi casa. Conozco la historia por ella. El jueves próximo pasado vino a conversar un rato, acompañada de dos de sus niños, de piel cetrina y ojos muy grandes.
Me sorprendí al verlos en el porche.
Me habló con un español dificultoso. Miré sus ojos oscuros de tristeza soñadora, y la hice pasar a la sala. Conversamos de temas sin importancia, que no recuerdo...
Me entregó un sobre de seda en el que resaltaba un tulipán bordado. Me pidió que lo escondiera, y si le pasaba algo a ella, lo destruyera inmediatamente.
Consideré no aceptar el pedido. Pero me rogó tanto...
Se hacía llamar Juana. Su marido respondía al nombre de Juan, y creo que se dedicaba a la industria textil.
Acá, en el country, nadie pregunta nada a sus vecinos.
Hoy apareció en el periódico la noticia. Fueron encontrados decapitados, y los cinco niños, de entre dos a ocho años están desaparecidos.
Es necesario que les cuente que de los niños, los investigadores y los peritos, no sabían nada.
La mucama de los Santamarino, se los dijo.
Ellos buscaron nuevos testimonios entre los residentes del Barrio y el personal de servicio.
Nos entrevistaron, como a todos los vecinos, y tuve que corroborar que los había visto, alguna vez...
Decidimos con mi familia que no podemos negar lo que hemos advertido. Sin embargo esa es toda la información que daremos. No sabemos de ellos nada más.
Los investigadores nos refutan que no creen que allí vivieran niños. No hay una pista ni el más mínimo detalle de que hayan estado. Ni juguetes, ni ropa, ni comida especial, ni nada...
Acabo de encender el hogar.
Hoy, 15 de agosto, arrimé leños y los encendí. Estoy quemando los papeles que he leído, y el sobre de seda con el tulipán bordado, que exhala un aroma a incienso al quemarse...
Si en algo no he sido del todo fiel al contar esta historia, sepan que estoy muy conmovida y puedo haber confundido lugares y fechas.
Este es un secreto que se va consumiendo con el fuego y se desvanece.

AMALIA LATEANO









sábado, 16 de febrero de 2008

Zarina: Poema

Zarina: Poema
Gracias TITA por sus conceptos.
Claro que compartimos más de una melancolía...
Un beso desde el alma.
Amalia

jueves, 7 de febrero de 2008

Poema


No es verdad

Que estos chicos olvidaron sus triciclos

en desgastadas veredas.

No es verdad.


Los chicos de ceniza,

Los de oscura piel ajada

Son los que están aquí,

Junto a nosotros

Y lloran,

Por cercanas crueldades

Por lejanas caricias.


¿Acaso no es bruma la tristeza?


Por ellos

Se justifican cargos,

Sueldos, referencias

Y citas bibliográficas...

Y los peines que arrancan

Los piojos de sus cejas.


Por ellos,

Las palomas del Salve

Los gorriones de azúcar

Buscan cielos distintos...


¡Están tan tristes

A tan temprana edad de Aurora!


Frente a esa piel

Injustamente herida

Escucho el corazón de un chico

Prematuramente solo,

Salvado por el hada benefactora

Que no pudo apartarlo de la Muerte...


Hecho el DEPOSITO QUE MARCA LA LEY

viernes, 18 de enero de 2008

LA BRUMA






LA BRUMA

Al caer la noche, la joven se recostaba entre las sábanas de hilo, perfumadas de alhucemas. Con el sueño sabía que llegaba a un espejo de agua, y ella se sumergía en él. Estaba entre el milagro del labrantío como una diosa antigua de las sombras. En un cenote antiguo y oscuro se veía con vivaz amparo matriarcal, naufragada de rosas y sembradora de rústicas calandrias.
En resolanas de arenas desterradas recelaba como propios los expresados y advertidos temores.
Era la primogénita nacida para el abismo pero lo supo tarde. Muy tarde. Creció en permanente dialecto con la tierra y fue fuerza de ala y candor consentido como todas las muchachas campesinas. El ensueño se fue tornando cada vez más real.
Su alma era ya mitad sendero del Ángel abatido y la otra mitad un crepúsculo amarrado.
Pero ella no sabía nada de eso _ pulso de viento y terquedad de raíz _ crecía radiante, en la congoja de la ilusión. Aprendió así los nombres de los astros, de las constelaciones y las estrellas. La oración del cañadón y la del río. A los trece años conocía mil bahías y sin contar el ya remoto y fuerte seno de la madre, que nunca había conocido.
De su madre, que no le hablaba de la vida, en el mundo de alucinación la fue conociendo.Ni un solo pensamiento de temor le había caminado entre los ojos.Las noches eran para su propia felicidad emanada de sus quimeras.
Pero una madrugada, el espejismo se colmó de ternura. Apareció mi padre, en un anual recuento de espigas llenas de riquezas y esperanzas, lo veía llegando hacia ella, ardiendo palabras en su sangre, tan joven
La mujer que buscaba la noche para soñar con su amor tenía veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule. Creía que los niños nacen así como los peces en los reposos del río, en la noche quieta. Pero llegó mi padre que contaba a trechos largas historias de islas, con sus ojos bruñidos y negros. Y ella lo escuchaba en la oscuridad...Le hablaba de lugares donde centenares de jóvenes púberes subían carbón al barco, en la bahía. Donde había pájaros libres y donde en la noche florecía l a pasión con hondo aliento de equipajes. Y se amaron tanto, que todo sucedió como la bruma cayendo sobre ellos, sin notarla.

La bruma espesa del amor los cubrió con su manto, una y otra vez, cada ensueño, cada quimera, cada ilusión era cada vez más real.

En la oscuridad presintió que Abuelo mascullaba una triste canción antigua en una lengua que no podía ser de aquí, y que ponía en sus pequeños senos, remolinos en su mente y en el pulso del viento, voces desconocidas. Ella tiritaba en la esperanza de sus sueños.

Pero a los veintidós años tenía la mirada gris porque bebió en las montañas de azúcar, sin saberlo.
Una noche, tuvo una pesadilla. Fue puesta en un muro, y apedreada su alma, porque estaba sembrada su carne de ricas y densas venas.
Era una obsesión: Cada noche que soñaba que su Amor regresaba, se imaginaba a Abuelo gritando lo bien que sabía que los marineros siempre desertaban de las robadas islas pero cuando estaban bien borrachos, los capitanes los metían a patadas en las bodegas sucias, y entonces volvían al hogar frágiles y callados y tristes.
La joven en la duermevela sentía cada golpe en su propio cuerpo. Al despertar vio que manchó su almohada con la sangre que salió de su boca.
A la noche siguiente escuchó a la madre que nunca había conocido, que manifestaba su poder.
El matriarcado se impuso una vez más, sin ostentación.
Ella ordenó sin apuro con su voz imperativa plena de adusteces, y se cumplió con el brío de las hembras de la raza, para salvar la honra, la dignidad y la decencia...
El matrimonio sobrevino para traer paz y se disiparon las sombras.
Nadie la contradijo: estaba yo en la ruta.
La joven conjeturó la historia de Henry, en la nochebuena, al dormirse en las sábanas de hilo perfumadas de hierbabuena, y lo vio como un joven alto y moreno. Al fin y al cabo a los treinta años ya no era marinero, y vendía clavos y tornillos, harina, azúcar y aceitunas en el Almacén de Ramos Generales del abuelo, mientras la amada de Henry rezaba el rosario ante la Virgen Gaucha, por su hombre.

Rezaba en la iglesia por su hombre sin saber que ella no era una virgen suelta por la plaza del pueblo. Hecha de medianoche a toda hora con hielo y filo de menguante turbio en las entrañas y en las ojeras. Aprendiz de hembra por su hombre. Apenas era encendida arcilla con esencia de origen. El himen preservado por las diosas poderosas por años, a la sombra del corazón profundo del seno de la familia, fue desbaratado.Henry la amó entre caminos de fiebre, espasmos y palideces. Él tomaba quinina con grandes tragos de ginebra, para quitarse el hambre de la carne de la muchacha.Para ahuyentarla de su cabeza austera de marinero. Para que de las manos y del cuerpo se le fuera el pulido y agridulce olor de carne viva y de espiga madura.Para poder pensar en su libertad. Y en las barcas tumbadas como ballenas muertas.
Pero ella lo amaba demasiado porque era el complemento de su sangre,
Y se dejó penetrar tan dulcemente sin presentir que ensuciaba su estirpe con el sudor del forastero y con sus fiebres. Noche tras noche, con el tibio bálsamo de lavanda pensaba en Henry, mientras se dormía.
Así supo, una tibia madrugada de febrero, que el decaimiento abatía a su enamorado que pensaba que de ahí en más, todas las noches de su vida tendrían el peso de sus alas cortadas. Su amado Henry se percibía abandonado y apenado.
Entonces ella decidió no soñar más para que su hombre amado no sufriera. Esa noche fue su última ilusión. Ya no despertó. Su alma se extravió en las constelaciones tan conocidas junto a la oración del cañadón y del río.

Amalia Lateano



miércoles, 16 de enero de 2008

Letrilla


“Luz, más luz”
Goethe

Con alegría...


Con alegría te digo
Que si no fuera por ti...


Los sueños que había tenido
Desde aquel día lejano
Se me fueron de las manos
Elevándose al Arcano.
Con alegría te digo
Que si no fuera por ti...
xx
Por ser profundo y sencillo
El quehacer de nuestros días,
Y por las mañanas frías
Que son más tuyas que mías
Con alegría te digo
Que si no fuera por ti...
xx
Porque llegada la hora
Con esperanzas te empleas
Por sembrar para que vea
Lo que mi alma desea.
Con alegría te digo
Que si no fuera por ti...
xx
Todo tiene bello encanto
Fiel arrullo de paloma.
El susurro que me toca.
El capullo que se asoma
Y tu amor que es mi remanso.
Con alegría te digo
Que si no fuera por ti...

Amalia Lateano

lunes, 14 de enero de 2008

LA OSCURIDAD



LA OSCURIDAD
CUENTODe Amalia Lateano

Así hablaban los principales diarios del país sobre la Ciudad de Rojas:

v “Mantiénese sobre la Ciudad de Rojas la situación de intranquilidad pública. Llegó el Juez del Crimen de San Nicolás para investigar los sucesos del jueves. Telegramas al Presidente y al Gobernador”.

LA PRENSA (1940)

v “A pesar de la escasez de alimentos sigue con toda firmeza el paro en Rojas”.

CRITICA (1940)

v “Se suspenderá la venta de alimentos en Rojas. La ciudad está a oscuras. Se produjeron nuevos incidentes...”

LA VANGUARDIA
( 1940)


Pero sí, amigo, alguna vez habrá oído hablar del Benjamín Flamel. Era ese tipo medio brujo que vivía al lado del barcito de don Cosme... ¡Claro!...No, a lo mejor... no lo oyó nombrar nunca... Han pasado tantos años... más de...
Por otra parte, ¿ quién quiere recordar a Benjamín Flamel?...
Eso es, como le iba diciendo, el tipo apareció una tarde en “ la Galerita”, el colectivo del tano De Gulielmo, y se arrimó al barcito preguntando por el Dr. Muruzábal, único abogado del pueblo. Me acuerdo que lo miramos con sorna. En aquellos tiempos no se usaban esos moditos raros en los hombres... ¿ Ud. me entiende, no?...
Bueno, el propio Dr. No aguantaba la risa apoyado en el estaño cuando le preguntó qué deseaba...
Entre nosotros, le confieso que las bromas y las risas se fueron apagando cuando dijo ser el heredero de doña Paulina Baños.
Por respeto, ¿ sabe?...Doña Paulina había sido la benefactora de cuanta obra de bien se emprendía en el pueblo.
Le digo esto para que entienda por qué desde ese momento lo aceptamos sin reparos, Como a un vecino más. Hasta venía al bar y se juntaba con los otros amigos. Sí. Siempre callado.
Lo que le voy a contar lo tenía medio olvidado: pero Ud. me pide una historia de Rojas y... me acordé de Benjamín Flamel...
El tiempo fluye de distinta manera para nosotros... los de antes...
Nosotros vivimos de recuerdos, de fantasmas, de sombras...
En ese entonces yo era un mozo distinguido y elegante y no, este viejo charlatán y borracho que Ud. ve ahora...
Habíamos formado con algunos vecinos la Junta Vecinal que tenía como objetivo luchar contra el “trust” eléctrico para imponer una auténtica Cooperativa.
Entre las medidas principales propusimos una huelga de consumidores de luz. Hecho que se cumplió por propia voluntad de los vecinos, por consenso unánime, como se dice ahora.
Sepa que cuando caía el sol todos los comercios bajaban las persianas. Las casas de familia se alumbraban a queroseno o con velas. Fue una total huelga de oscuridad...
Claro que había algunos casos aislados. Como el de Benjamín Flamel.
Como le dije, vivía al lado del bar de don Cosme y, desde la primera noche, se destacó su casa por estar profusamente iluminada.
Parecía estar encendida.
Para que me entiéndale voy a explicar. Alrededor de la medianoche se iluminaba una ventana, y luego otra, y otra, y otra más, tanto de la planta baja como del primer piso, donde estaban los dormitorios.
Resplandecía entre las sombras brillando con un halo de irrealidad y lejanía, como si flotara en una niebla ígnea que desdibujaba con sus destellos los contornos de la casa.
Mire mocito, durante el tiempo que vivió Flamel allí, las puertas y todas las ventanas permanecieron cerradas. Incluso las persianas.
Y noche a noche se repetía el suceso. Nadie le dio importancia al principio pero cuando se organizó la huelga la cosa cambió.
Si hasta lo acusamos de oficialista y le apedreamos la casa.
Recuerdo que fue el 22 de febrero, salimos en manifestación desde el club Progreso alrededor de las tres de la madrugada, con el propósito de barrer con los focos de la Avenida de Mayo, la principal, munidos con toda clase de proyectiles, cuando a Muruzábal se le ocurrió darle una lección al insoportable puto de Flamel. Hasta allí fuimos gritando contra los dirigentes y sus secuaces.
Nos ubicamos en distintas posiciones, para abarcar todo el frente de la casona.
Y a una orden de Muruzábal la emprendimos contra las ventanas alumbradas, insultándolo al dueño y provocándolo para que saliera... si era hombre...
Como el tipo no daba la cara ni amenguaba la iluminación decidimos echar la puerta abajo y romperle el alma.
Y eso hicimos, muchacho. La puerta cedió a los empellones y pudimos entrar. Yo estaba a la izquierda de la columna. Entre los primeros.
Encontramos a Flamel en lo que sería el comedor, vestido de riguroso negro y con una camisa que parecía brillar. Parado frente a la mesa.
Fue verlo y sentir un frío de los mil demonios, punzante, como si de pronto se hubiesen abierto todas las ventanas y fuera invierno.
En ese preciso instante oímos un chillido, y una risa abominable y Flamel echó a correr por un largo pasillo que daba al patio del fondo. A medida que se alejaba la casa se iba oscureciendo. En un momento pensé en correr para alcanzarlo pero las piernas no me respondieron.
Todo se había trastocado.
Estábamos sumergidos en un pozo de sombra. En un antiguo cenote, húmedo y profundo.
Algunos encendieron las linternas. Todo fue inútil. No lo encontramos.Nos había tomado el pelo. Se había escapado. ¡Se había burlado de todos nosotros!.
Nos reunimos en el bar para tomar una ginebra y otros un coñac. Estábamos profundamente indignados.
Entonces no sé a quien se le ocurrió la idea, y planeamos vengarnos del payaso de Flamel.
Me toco a mí subir al techo del bar, y de ahí saltar a la casona del loco, llevaba los guantes y las tijeras para cortarle los cables de la electricidad.
Pero fue en vano.
Nunca había hecho la conexión.


AMALIA LATEANO
HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY 11723

domingo, 13 de enero de 2008

POEMA


Volverme de papel



Voy a quedarme quieta un rato,
a permanecer inmóvil,
con la mirada cerca de tus pasos:
Aún me dueles.
Y en el vientre me crece
La angustia
.
No logro rescatarme todavía.
Volverme de papel, como una carta
Jugar de nuevo a verte.

Voy a intentar
Armar tu corazón con estos trazos,
Tocar por un instante tu cuerpo
desgajado por los besos malditos que te dieron,
Y que me revolvieron en el asco.

Acurrucarme al alivio de tus manos,
Rescatarme del fuego.
Voy a volverme un poco tu ceniza,
A morirme también contigo unos momentos.
Y te maldigo
con los ojos abiertos
Bajo el telón del cielo que cobija
Tu alma.Y la mía lacerada.

En cualquier lugar en que te encuentres
Y con quien te goce.
No serás feliz.
Es el mismo cielo estrellado
El que miramos.

Voy a intentar acercarme otra vez
Muy lentamente, con cuidado,
Para no despertarte con mi llanto.

sábado, 12 de enero de 2008

SONETO DE AMOR

LA AÑORANZA

He advertido cruzar en acechanza
En la hora rezagada, la neblina,
Llevando celebrada por mezquina
Un anhelo intangible: la añoranza.

Ni el corazón perdurable se afianza
En las yemas lozanas... cristalinas...
Y del simple gozo, en hendidura fina,
Da la suerte vital de la esperanza.

¿Será ese lanzamiento entorpecido
Que amasa el receptáculo o la aurora
el tesoro más lento por pausado

Del hombre que en la tierra es sostenido?
No obstante en la sombra, cual traidora
Se esconde el corazón esperanzado.
Hecho el depósito que marca la LEY._

LA NIEBLA



LA MUJER DE LA ESTACIÓN


La niebla es espesa.
En la estación, sin embargo, el movimiento es continuo.
Las siluetas de los ómnibus se perfilan o adivinan en las distintas plataformas.
La hilera de los pasajeros, con su boleto en la mano, forma una larga serpiente oscura y ambigua que ondula asimétricamente de un lado a otro. Nada es preciso.
La figura de la mujer se desdibuja en la estación. La veo frente a la ventanilla, la bruma la penetra y se amontona en su propio cuerpo. Está vestida de verde. Lleva una cartera de cuero y unos zapatos negros con tacos. Es de estatura mediana, cabellos oscuros y se la ve voluptuosa a pesar de la confusión, que emana de la gente inquieta que va de un lado a otro.
Ella está segura.
La miro desde dentro de la calima, y me parece que sonríe.
Se acerca a un joven flaco y ágil que lleva un piloto verde petróleo, no puedo precisarlo porque se alejan rápidamente.
De puro curioso los sigo. Suben a un colectivo local y se acomodan en un asiento, al final del coche. Son una sola silueta en el abrazo, y los miro desde adelante, parado.
Esta maldita neblina no me deja ver qué hacen con sus manos.
Bajan en un hotelucho de mala muerte que no conozco.
Están tan embobados que no se han dado cuenta que los sigo.
La mujer de la estación está ansiosa, no siente la sombra que la acompaña y se funde en su cuerpo adolescente.
Entran. El muchacho como si hubiese preparado la escena con anterioridad se mete la mano en el bolsillo de la gabardina, y asiente, como diciendo: “Está todo en orden” a un interlocutor imaginario.
No me advierte que me metí en sus venas, que soy con él uno en uno.
Se desnudan, se besan, él es un corcel de estirpe caliente y ella una potranca de piel nacarada, tórrida y sedienta.
Tienen un amor salvaje y bravío. Cuando se agotan con los besos, y él no aguanta un segundo más, saca un preservativo y ella se lo coloca. Él se lo acomoda para mayor seguridad.
Son dos animales que copulan mientras viajo entre la neblina a una senda suave y lechosa. Y me anido como un plumón en el vientre joven.
Ella ha cambiado la mirada que se agudiza en la fragmentada claridad del cuarto antiguo y pobre.
Escudriña cada poro de la piel de su amado y se torna abatida. O es tristeza lo que se dibuja en sus pómulos que sonríen.
Miro su hoyuelo en la mejilla derecha y me parece que se mojó con una lágrima.
El joven__ no me parece tan joven ahora__ está agotado, extenuado y maldice como un energúmeno. El forro se le salió. Y la mira como para destrozarla.
Salen, y él la acompaña, sumergidos en mustio silencio, a la estación de ómnibus.
Surgió el sol y es todo reluciente. Sin embargo ahora puedo ver con claridad la mugre de la estación. Cuánta suciedad, cuánta basura, cuánta porquería encubierta.
Ella sube a un coche de línea, y él se aleja cabizbajo entre la inmundicia desparramada en el piso.
He optado viajar con ella, no quiero que llore...

Hecho el deposito que marca la ley de 11.723.-


viernes, 13 de julio de 2007

De dónde proviene ZARINA



Mi abuela me contó un cuento que guardo en mi memoria, y que no sé quién es el autor. Del mismo surge mi nombre ZARINA-Mi abuela era italiana, era mi NONA, y así lo recuerdo.
El pez de oro
En una isla muy lejana, llamada isla Buián, había una cabaña pequeña donde vivían un anciano y su mujer. Estaban en la mayor pobreza. Todos sus bienes se reducían a la cabaña y a una red que el mismo marido había hecho y con la que todos los días iba a pescar.
Un día echó su red al mar, empezó a tirar de ella y le pareció que pesaba extraordinariamente. Creyendo que había pescado un pez muy grande, se puso muy contento, pero cuando logró recoger la red vio que estaba vacía. Después de registrar bien encontró un pequeño pez. Al tratar de cogerlo quedó asombrado al ver que era un pez de oro; su asombro aumentó al oír que el pez, con voz humana, le suplicaba:
—No me cojas, abuelito. Déjame nadar libremente en el mar y te daré todo lo que pidas. El anciano meditó un rato y le contestó: —No necesito nada de ti. Vive en paz en el mar. ¡Anda! Y al decir esto echó el pez de oro al agua.
Al volver a la cabaña, su mujer, que era muy ambiciosa y soberbia, le preguntó: —¿Qué tal ha sido la pesca? —Mala, mujer —contestó, quitándole importancia a lo ocurrido—. Sólo pude coger un pez de oro, tan pequeño que, al oír sus súplicas para que lo soltase, me dio lástima y lo dejé en libertad a cambio de la promesa de que me daría lo que le pidiese. —¡Oh viejo tonto! Has tenido entre tus manos una gran fortuna y no supiste conservarla. Y se enfadó la mujer de tal modo que durante todo el día estuvo riñendo a su marido.
—Si al menos, ya que no pescaste nada, le hubieras pedido un poco de pan, tendrías algo que comer. Pero ¿qué comerás ahora si no hay en casa ni una migaja?

Al final el marido, no pudiendo soportar más a su mujer, fue en busca del pez de oro. Se acercó a la orilla del mar y exclamó: —¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! El pez se arrimó a la orilla y le dijo: —¿Qué quieres, buen viejo? —Se ha enfadado conmigo mi mujer por haberte soltado y me ha mandado que te pida pan. —Bien. Vete a casa, que el pan no os faltará. El anciano volvió a casa y preguntó a su mujer: —¿Cómo van las cosas, mujer? ¿Tenemos bastante pan? —Pan hay de sobra, porque está el cajón lleno —dijo la mujer—; pero lo que nos hace falta es una artesa nueva, porque se ha hundido la madera de la que tenemos y no podemos lavar la ropa. Ve y dile al pez de oro que nos dé una.
El viejo se dirigió a la playa otra vez y llamó:—¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! El pez se arrimó a la orilla y le dijo:
—¿Qué necesitas, buen viejo? —Mi mujer me mandó pedirte una artesa nueva. —Bien; tendrás también una artesa nueva.
De vuelta a su casa, su mujer le gritó: —Vete enseguida a pedirle al pez de oro que nos regale una cabaña nueva; en la nuestra ya no se puede vivir. Se fue el marido a la orilla del mar y gritó: —¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! El pez nadó hacia la orilla y le preguntó: —¿Qué necesitas ahora, viejo? —Constrúyenos una nueva cabaña. Mi mujer no me deja vivir en paz. Está riñéndome continuamente y diciéndome que no quiere vivir más en la casa vieja. —No te entristezcas. Vuelve a tu casa y reza, que todo estará hecho. Volvió el anciano a casa y vio con asombro que en el lugar de la cabaña vieja había otra nueva hecha de roble. Pero de nuevo su mujer corrió a su encuentro y empezó a reñirle y más enfadada que nunca, le gritó: —¡Qué viejo más estúpido eres! No sabes aprovecharte de la suerte. Has conseguido tener una cabaña nueva y creerás que has hecho algo importante. ¡Imbécil! Ve otra vez al mar y dile al pez de oro que no quiero ser por más tiempo una campesina. Ahora quiero ser mujer de un gobernador para que me obedezca la gente y me salude con reverencia.

Se dirigió de nuevo el anciano a la orilla del mar y dijo en voz alta: —¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! Se arrimó el pez a la orilla como otras veces y dijo: —¿Qué quieres, buen viejo? —Mi mujer no me deja en paz. Se ha vuelto completamente loca. Dice que no quiere ser más una campesina, que quiere ser la mujer de un gobernador. —No te apures. Vete a casa y reza a Dios, que yo lo arreglaré todo.
Volvió a casa el anciano, pero al llegar vio que en el sitio de la cabaña se elevaba una magnífica casa de piedra con tres pisos. Corrían apresurados los sirvientes por el patio. En la cocina, los cocineros preparaban la comida, mientras que su mujer estaba sentada en un rico sillón vestida con un precioso traje y dando órdenes a todos. —¡Hola, mujer! ¿Estás ya contenta? —le dijo el marido. —¿Cómo te has atrevido a llamarme tu mujer, a mí, que soy la mujer de un gobernador? —y dirigiéndose a sus sirvientes les ordenó— Coged a ese miserable campesino que pretende ser mi marido y llevadlo a la cuadra para que lo azoten bien.
Enseguida los sirvientes cogieron por el cuello al pobre viejo y lo arrastraron a la cuadra, donde los mozos lo azotaron de tal modo que después éste con gran dificultad pudo ponerse en pie. Luego, la mujer lo nombró barrendero de la casa y le dieron una escoba para que barriese el patio. Para el pobre anciano empezó una vida llena de amarguras y humillaciones. Tenía que comer en la cocina y todo el día estaba ocupado barriendo el patio. —¡Qué mala mujer! —pensaba el anciano—. He conseguido para ella todo lo que ha deseado y me trata del modo más cruel, e incluso niega que yo sea su marido.
Sin embargo, no duró mucho tiempo aquello, porque al fin se aburrió la vieja de su papel de mujer de gobernador. Llamó al anciano y le ordenó: —Ve, viejo tonto, y dile al pez de oro que no quiero ser más mujer de gobernador. Ahora quiero ser zarina. Se fue el anciano a la orilla del mar y exclamó: —¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! El pez de oro se arrimó a la orilla y dijo: —¿Qué quieres, buen viejo? —¡Ay, pobre de mí! Mi mujer se ha vuelto aún más loca que antes. Ya no quiere ser mujer de gobernador; ahora quiere ser una zarina. —No te apures. Vuelve tranquilamente a casa y reza a Dios. Todo estará hecho.
Volvió el anciano a casa, pero en el sitio de ésta vio elevarse un magnífico palacio cubierto con un tejado de oro. Los centinelas hacían la guardia en la puerta con el arma al brazo. Detrás del palacio se extendía un hermosísimo jardín y delante había un gran ejército para protegerlo. La mujer, vestida como correspondía a su rango de zarina, salió al balcón y empezó a pasar revista a sus tropas mientras los músicos tocaban el himno real. Pero al poco tiempo la mujer se aburrió también de ser zarina y mandó que buscasen al anciano y lo trajesen a su presencia. Cuando el viejo llegó hasta ella, le gritó: —¡Ve, viejo tonto! Ve enseguida a la orilla del mar y dile al pez de oro que no quiero ser más una zarina. Quiero ser la diosa de los mares, para que todos los mares y todos los peces me obedezcan!

El buen viejo quiso negarse, pero su mujer lo amenazó con cortarle la cabeza si se atrevía a desobedecerla. Con el corazón oprimido se dirigió el anciano a la orilla del mar, y una vez allí, exclamó: —¡Pececito, pececito! ¡Ponte con la cola hacia el mar y con la cabeza hacia mí! Pero no apareció el pez de oro. El anciano lo llamó por segunda vez, pero tampoco vino. Lo llamó por tercera vez, y de repente se movió el mar, se levantaron grandes olas y el color azul del agua se oscureció hasta volverse negro. Entonces el pez de oro se arrimó a la orilla y dijo: –¿Qué más quieres, buen viejo? El pobre anciano le contestó: —No sé qué hacer con mi mujer; está furiosa y me ha amenazado con cortarme la cabeza si no vengo a decirte que ya no quiere ser una zarina. Ahora quiere ser diosa de los mares, para mandar en todos los mares y gobernar a todos los peces. Esta vez el pez no respondió nada al anciano, se volvió y desapareció en las profundidades del mar.
El desgraciado viejo volvió a casa y quedó lleno de asombro. El magnífico palacio había desaparecido y en su lugar se hallaba otra vez la primitiva cabaña vieja y pequeña, en la cual estaba sentada su mujer, vestida con unas ropas muy pobres. Tuvieron que volver a su vida de antes, dedicándose otra vez el viejo a la pesca, y aunque todos los días echaba su red al mar, nunca volvió a tener la suerte de pescar al maravilloso pez de oro.

La bella Zarina