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lunes, 2 de abril de 2012

HAMBRE DE CERTIDUMBRE ( SEXTINA GALAICA )

Como si fueras lágrima de luna
un latido precoz que me enternece
saliendo de la tarde, fuego y sol
te alojas en mis párpados dormidos
para dejar tu huella de cemento
que borrará la lluvia en la noche.

Eres fino diamante de reproche
callado gnomo desde tibia cuna
latido perpetuo antes que un acento…
Sendero que el camino se engrandece
por duros desamores resumidos…
Te bebí dulce arrope de mistol.

Como una suave trama de arrebol
se escucha tu risa de fantoche
es fuerza potencial tras los aullidos
de pesadilla. Empresa inoportuna.
El sueño de una luz que me enternece
parecerá profundo en un lamento.

Un relámpago roza el firmamento
para quebrar la hondura del farol
solitario que alumbra cuando mece
duro cemento como fino broche,
Instalado mi aliento sin fortuna
en sollozo de jóvenes heridos.

Tenemos que sufrir: canción, quejidos
Dejar que los castigos lleve el viento
para escondernos tras arena y duna
donde jamás veremos nuestro sol
sin poder encontrar aquel derroche
de amores que lloramos si amanece.

En el instante mismo que aparece
descubro en mis espasmos abatidos
los amargos instantes de trasnoche...
Lucubro en mis entrañas como hambriento
a avidez que reclama su guiñol
para saciar la sangre de mi hambruna…

Por la sabida hambruna se aparece
en guiñol por amores abatidos
hambrientos mis temores de trasnoche.

AMALIA LATEANO




jueves, 22 de marzo de 2012

Palabras

Palabras breves,
doblemente agradecidas.
De tu partida el Señor
no me da ningún consuelo,
a pesar de mi desvelo.

Amalia Lateano

INESPERADO

Entre las piezas del trebejo de un horizonte de madera

una brisa de muerte ha asolado el tablero.

No han sido las piezas del orfebre

que las pulió con sangre y despojos.

Vinieron de las gárgolas repulsivas desde catedrales

lejanas, desde las basílicas del dolor.

Al alba, cuando se despiden los amantes

y las sombras furtivas desaparecen

entre los adoquines de las callejas oscuras.

Cuando se sienten piedras en el pecho

como un miedo adormecido que espía la tristeza.

Entre las células que se van enfriando

por la búsqueda infinita de la muerte

encuentro la tibieza que aún queda de la vida.

En este fatal devenir del tiempo que te lleva

que proclama que no me perteneces, amor,

en la hora enferma que te invoca..

Con un resentimiento de epitafios

que no es más que un rito de sospechas.

Un aullido callado de loba,

Un rencor inferido de relojes

para acallar la hora que acecha

tras las cortinas,

por todos los rincones

y se esconde en el féretro

como una gota de sangre que aún tiembla

en inexplicable cordura.

Escucho el cuervo que grazna sobrevolando mis manos

Y mis ojos rechazan los códigos del tiempo y la sensatez.-


AMALIA LATEANO