I. La distancia
Vivo lejos del mar,
pero lo llevo conmigo
en la memoria del viento,
en la espuma de los sueños,
en cada tarde gris.
A veces cierro los ojos
y escucho sus orillas,
como si la distancia
fuera apenas una puerta
que aún pudiera abrirse.
II. La memoria
Vivo lejos del mar,
pero recuerdo sus voces,
el rumor de las olas,
la arena bajo mis pasos
y el cielo sobre el agua.
Todo vuelve de repente
cuando cae la tarde,
como un barco perdido
que encuentra entre la niebla
el camino de regreso.
III. La orilla
Vivo lejos del mar,
pero sueño con la orilla,
con su lenguaje de espuma
y sus huellas pasajeras.
Cada ola que imagino
me devuelve una pregunta:
¿cuánto puede durar
un recuerdo en la arena
antes de borrarlo el viento
o llevárselo la noche?
IV. El viento
Vivo lejos del mar,
pero el viento me lo acerca.
Llega con olor a distancia,
con rumores de gaviotas
y una canción antigua.
Se desliza por mi ventana,
mueve despacio las cortinas
y deja sobre mi pecho
la certeza de que el océano
también sabe encontrarme.
V. La arena
Vivo lejos del mar,
pero aún siento la arena
pegada a mis recuerdos.
Cada grano guarda un instante,
una risa, una mirada.
Camino dentro de mi casa
como quien busca una huella
que el tiempo no haya borrado,
mientras la tarde se queda
esperando junto a mí.
VI. El horizonte
Vivo lejos del mar,
pero miro el horizonte
como si allí comenzara
todo lo que he perdido.
Más allá de las montañas,
más allá de las ciudades,
imagino el agua extendida
bajo un cielo interminable,
guardando en su azul profundo
lo que todavía me espera.
VII. El regreso
Vivo lejos del mar,
pero sé que algún día
volveré a tocar sus aguas.
No sé cuándo ni cómo,
ni qué quedará de mí.
Tal vez seré otra persona,
tal vez el mismo niño
que partió mirando atrás.
Pero cuando escuche una ola,
sabré que he vuelto a casa.
VIII. La espera
Vivo lejos del mar,
pero lo espero
como se espera un abrazo
que sabemos
que algún día llegará.
Lo imagino en la distancia,
respirando junto a la orilla,
pronunciando mi nombre
entre la espuma y el viento,
sin dejar de llamarme.
IX. Sin olas
Vivo lejos del mar
y hay días
en que mi silencio
se parece demasiado
a una playa sin olas.
Nadie rompe la quietud,
nadie regresa a la orilla,
solo el viento permanece
dibujando sobre la arena
la forma de mi ausencia.
X. Sal en los ojos
Vivo lejos del mar,
pero cuando recuerdo
aquellos días,
mis ojos vuelven a llenarse
de una sal que no es del océano.
Es la sal de las despedidas,
del tiempo que no regresa,
de las palabras guardadas
que aún duelen en silencio
como heridas b/ajo el agua.
Dra. Amalia Lateano
ARGENTINA
31/Agosto 2026
1 comentario:
Vuelvo con mis palabras y mi dolor.
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