Era costumbre buscarte en el café de la tarde,
en la palabra incompleta y en el aire al caminar,
pero hoy el frío no quema y el recuerdo no arde,
se ha vuelto un eco lejano que ya no sabe llamar.
Fuimos un puente trazado sobre un río de promesas,
un incendio que el tiempo, con su calma, sofocó.
Hoy solo quedan cenizas sobre las viejas mesas
y un nombre que, de tanto decirlo, al fin se borró.
Te vas volviendo paisaje, una sombra, un detalle,
una página en blanco de un libro que ya leí.
Ya no te busco en los rostros de cada calle,
porque al perderte, de pronto, me encontré de nuevo a mí
No es que te llore ni que el alma me duela en el pecho,
es que el olvido es un cuarto que se empieza a amueblar.
He recogido los trozos de lo que estaba deshecho
y he aprendido, por fin, a dejarte de esperar.
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Amalia Lateano
Argentina
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