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jueves, 9 de octubre de 2014

La hora de los ruiseñores


Ninguna fueron horas malgastadas

si siempre caminé, por si estuvieras...

Incluso las presentes, si pudieras

volver con flores rojas renovadas.



¡Están los ruiseñores, ya los vieras

beber el agua clara de la fuente!

Antojan  gemas suaves del torrente

sembradas de diamantes, si existieras...



Rencores de tristura en el presente

escondo tras mi llanto en el olvido.

Suturan mis heridas, el sonido



de pasos tan perdidos con la gente.

Decirte de las aves sin sentido...

¡Mentirme tormentosa, si has partido!

 Amalia Lateano


lunes, 6 de octubre de 2014

Sombra del presente...





Ese aroma de selvas que se aviene

y la noche

 el derroche,

siempre en tus dedos, cándido resuene.



Te sueles alejar en la hondonada

lentamente,

si se siente

casi como una sombra del presente.



Me quedo en el portal con mi rebozo

si por fiel

de tan cruel,

tu partida, es herida que sollozo.



Surgen dulces recuerdos transcurridos

del pasado,

y pasmado

aparecen anhelos requeridos.-

 Amalia Lateano

miércoles, 1 de octubre de 2014

De lejanas primaveras...





Con el tronco doblado por el cierzo...

Supe que te amaría intensamente

como  la vez aquella en primavera,

cargados de promesas, tiernamente,

que de amor me han bañado los cristales

quitando los inviernos de la mente.

Estalló el sol. Calmoso el grave  viento

Así se abrió la rosa mansamente.

Con el tronco doblado por el cierzo...

Cargados de promesas, tiernamente.


Solo se forja vieja, la amargura

de remilgados saltos en los diques.

Algunos creerán que son paliques

estos versos cantados en agrura.

Mas no pienses de mí con la andadura

que perdida la meta temerosa,

no hallaré suave calma, tan ansiosa

entre las caprichosas convicciones.

Lloradas  soledades. Religiones

siempre inconscientes van, por auspiciosa.-





Pues no quedan quejidos en el verde

lago, donde fundían las caricias...

Con agua de rocío van canales,

lloradas primaveras, casi místicas.

Un aroma enroscado de ternura

que parece romperse por la envidia.

Ni te amo ni amaré con tus desplantes

 odioso ignaro sucio de la biblia.

Pues no dejan quejidos en el verde

lloradas primaveras, casi místicas.-






Las tengo muy vividas sin un duelo

capaz que ha de fundirse en la tristeza.

 Nada es toda mirada de mi cielo

que sucumbe en la rosa, con sus piedras.

Tu amor, mirada cándida que aclama

la plenitud de ignaro en las estrellas.

No hay un sutil latido de mañana,

hasta el lucero sabe la respuesta:

Las tengo muy vividas sin un duelo

que sucumbe en la rosa, con sus piedras!

Amalia Lateano