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martes, 1 de septiembre de 2009

LA BAILARINA ---SEGUNDA MENCION DE HONOR

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LA BAILARINA

Por ninguna de las ventanas entraba la luz del día. En toda la casa reinaba la noche profunda Pero este cuarto, estaba iluminado por la lámpara de caireles del techo, y los tres veladores. Uno, situado sobre el piano, y dos, de pie, colocados estratégicamente  en los rincones. También, sobre la pared izquierda, se apreciaba un sillón tapizado de brocado.
La sala se hallaba alumbrada por las luces que rechazaban las sombras. Los otros ambientes estaban hundidos en las tinieblas.
Beatriz se ató las zapatillas de media punta y espero que la música llegara, mirando la lámpara. Ni un águila podría sostener por mucho tiempo los ojos fijos ante tanto resplandor. Luego de unos segundos sus pies  comenzaron ligeramente a moverse por el salón. Todo su cuerpo se transformó como una cimbreante llamarada que giraba y giraba con sinuosos movimientos.
Por la puerta, desde la penumbra entró sigilosamente un joven y se sentó en el sillón. Tenía la miraba sobre la muchacha…La bailarina continuaba con su sensual danza. Y de pronto lo vio. Se detuvo al instante. Se puso las manos en  el pecho y cayó  sobre el piso de madera.
Desde el cuerpo comenzó a elevarse una niebla espesa y blanca; más visible aún por la luminosidad de la sala. A medida que se hacía más densa, el muchacho se iba diluyendo junto a los últimos acordes del Lago de los Cisnes.
Cuando la niebla se disipó, el cuerpo yaciente se había desvanecido.
Transcurrieron varias horas...
Llegó Beatriz de la oficina y comenzó a abrir las ventanas. Maldijo para sus adentros por las luces encendidas. Seguro se había olvidado de apagarlas la noche anterior.
Subió a su cuarto para cambiarse. Regresó con la ropa de baile. Acarició el piano recordando a su prometido, que la acompañaba, cada tarde, tocando las partituras elegidas para  sus ensayos. Se ató las zapatillas de punta y sintió una puntada en el pecho. Su perpetuo amor había muerto en un accidente de auto, hacía poco más de tres meses.
 Fue a la mesita y encendió el grabador. La figura del joven entró sigilosamente,  y se sentó en el sillón...
Ella esperó los acordes majestuosos del Lago de los Cisnes, para comenzar a danzar...
                            AMALIA LATEANO
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2 comentarios:

bibliotecaria dijo...

Felicitaciones amiga por tu premio. Te lo tienes merecido. Muy buen relato. Cariños

Eliane dijo...

Me gustó tu relato... felicitaciones por la mención... allí te veré!!!!
Un abrazo