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miércoles, 12 de marzo de 2008

ORIENTE CLANDESTINO



Vivía en un solaz seguro de África rodeada de la rural belleza salvaje de Marruecos.
Allí había nacido. Recibió la educación primaria en la escuela de la Comunidad. Luego viajó a Inglaterra, junto a otras jóvenes, bajo la supervisión de una tutora enviada por el Consejo. Se recibió de médica.
Su familia, de los Imazigen, tiene una organización social, tribal y patriarcal, con un Anciano que rige los destinos de la tribu, y un Consejo local, que refrenda las decisiones. Se dice que la Comunidad, llamada el “ Yamá'as”, es quien aplica las leyes.
Pertenecía a la etnia Ghomara y como toda mujer berberisca tenía más libertad que la árabe.
Se podría decir que fueron las horas libres las causantes del desatino.
Era de belleza singular. Resaltaban sus ojos negros.
La concepción del tiempo allí no se parece en nada a lo que nosotros conocemos, el tiempo allí no es oro, es período, no vale nada y a su vez es lo más meritorio porque a veces es lo único que se disfruta. No existe ese pensamiento de que el tiempo no utilizado en algo “rentable”, es tiempo perdido. Muchas veces es tiempo ganado para sobrevivir.
Y tenía mucho tiempo libre. Se unió al más conocido Organismo Internacional para efectuar la vacunación.
Más de medio millón de niños y niñas menores de cinco años fueron inmunizados contra el sarampión y la poliomielitis durante la primera fase de la campaña de profilaxis de niños vulnerables, en la República.
La campaña alcanzó a tantos niños y niñas porque los equipos de movilización social, a través de su coordinación, difundieron la información acerca de la vacuna gratuita.
Esas labores revistieron particular importancia en toda la zona, donde la mayor parte de la población es y sigue siendo nómada, y no estaría al tanto de la campaña, de no mediar el trabajo de su equipo.
Ella precisaba la información mediante programas radiales, carteles y oriflamas. También propagaba el mensaje por medio de altavoces instalados en automóviles y realizando visitas domiciliarias individuales.
Fue una de las muchas residentes de Kibera, el tugurio urbano más grande que colaboró con la misma. Recorrió los accidentados caminos y senderos gritando: -- "¡Vengan hoy mismo a vacunar a sus hijos!".

Y allí lo vio al árabe. Sentado frente a su almacén. Como esperándola...
Zarina Issheni, de Marruecos, era respetada por su condición y por su alto nivel intelectual. Así la llamaban por su porte de princesa. Ejercía la medicina y participaba en los Congresos, pero su identidad siempre se vio agredida y menospreciada por los árabes.
Esto es el motivo que me lleva a pensar, si fue un ataque de locura, de lujuria o si un diablo participó para que realizara el acto que marcaría su Destino.
Es mejor recordar que en la actualidad el Oeste de África, sobre todo y con mayor gravedad en esta República, la cuestión de la identidad es la que se presenta del modo más apremiante y atormentado.
El Magreb es sin duda, uno de los inconvenientes a los que el mundo se enfrenta con mayor efervescencia. Por esto, la cuestión trataré de abordarla con gran serenidad y recurriendo a los datos históricos, sociológicos y lingüísticos que conozco.
Es difícil comprender esta reacción.
La tirantez entre las distintas etnias ha sido una de las principales fuentes de conflictos en el país. A comienzos de los años 1990, disturbios interétnicos indujeron la muerte de miles de personas y dejaron a decenas de miles sin hogar.
En el año 1999, precisamente, ocurrió este encuentro no previsto.
Esto es lo que sé.

El Magreb proyecta hacia el mundo su condición árabe. Por su lado, lo bereber, eminentemente rural y con reminiscencias ancestrales, se desmorona ante la evolución de unas sociedades que se orientan en direcciones que niegan o desprecian sus valores. Casi se podría decir que no existe. Mientras que lo árabe se asocia a lo nacional y a lo oficial, la intelectualidad bereber es vigilada como enemiga del Estado y potencial germen disociador del presunto bloque histórico y político de la región, y por tanto es una “intelectualidad controlada”, y bajo sospecha perpetua de posible felonía a los intereses del Estado.
Lo árabe, está normalmente vinculado a las ciudades y a los poderes establecidos tras las independencias formales.
Les diré que el idioma es el
Swahili e inglés.
Los bereberes o imazighen, herederos de una lengua antiquísima, y de una cultura milenaria, son presentados muchas veces como las víctimas históricas de la agresividad del Islam.
El irredentismo bereber, ya sea moderado o radical, despierta fácilmente simpatías en determinados medios sensibles a las cuestiones nacionales no resueltas, y con frecuencia es utilizado como arma política en debates y contextos.

Acaso, me pregunto, Zarina, no lo sabía...
La cultura de Marruecos es muy diversa, dadas las enormes diferencias entre los distintos grupos étnicos que conviven en el país. La influencia de la colonización británica se manifestó sobre todo en el uso extendido de la lengua inglesa en los ámbitos tanto comercial como cultural.
La mayor parte de la literatura está escrita en inglés, si bien algunos autores, como Rocha Cimera han hecho del
Swahili su lengua literaria.

Pero no. Ella ignoró lo que debía defender.
De sus ancestros recibió la sapiencia que se convivía con dos lenguas: la primera integrada por: “ árabe” y “berebere”. La segunda, el inglés.
Distinguía las diferentes sabidurías que representan y poseen cada una de ellas, con sus distintas normas.
Mientras que el árabe goza del carácter de lengua cuasi-oficial de los Estados de la zona, el bereber es relegado habitualmente a la marginalidad, y cualquier intento por revitalizarse ocurre de modo casi clandestino. Esta dualidad es explicada en términos de supremacía: los bereberes autóctonos son respetados, a veces, como un género de vestigio del pasado preislámico de la región en trance de esfumarse ante la superioridad y ascendiente, en todos los terrenos de lo árabe.

Zarina lo obvió.
Fue verlo, y preguntar a su auxiliar más cercano, cuál era su nombre.
Le contestaron: Jalil.
Y ella se acercó para verlo de cerca, con la excusa de preguntar si tenía niños para vacunar. Habló en inglés.
Él respondió también en inglés que no.
Y la invitó a entrar a su comercio.
Lo hizo, seguida por su colaboradora que miraba los productos de la tienda como buscando algo especial...

La joven Zarina, de sólo treinta y tres años, conocedora de la lengua árabe, comenzó a dialogar con el muchacho en Magreb.
Su asistente la miraba atónita._ ¡¡No podía hablar en árabe con un desconocido!!-pensó.

Al regresar al hospital la enfermera fue con un Representante del Consejo, y contó los hechos que había presenciado.

La buscaron por días y meses, y nunca la hallaron.

Sé que viajaron clandestinamente a España, escapando como dos perseguidos en un barco pesquero, cuyo dueño, un marroquí, les dio espacio en su bodega, por una cantidad de miles de dólares.
Desembarcaron sigilosamente, en la noche, en el puerto de Algeciras. Uno de los puertos del Estrecho, que por su ubicación estratégica entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, tienen un intenso movimiento de mercancías y de pasajeros. El Estrecho de Gibraltar es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Nadie presta mucha atención a los barcos pesqueros.
Distinto ocurre en la terminal de ferrys que salen hacia Tánger en el Puerto de Tarifa que posee muelles para pesca y pasajeros. Allí si es más cuidadosa la Aduana, porque está muy cerca del centro de la ciudad, y dispone de instalaciones como son una fábrica de hielo, y locales de armadores y casetas para industrias de pesca, donde los contrabandistas hacen de las suyas.


Comenzó a llover y sus ropas se mojaron. Escaso era el equipaje de los fugitivos. Sólo tuvieron tiempo de levantar cada cual todos los objetos de valor que le pertenecían. El muchacho tenía en su bolsa dinero que fue ahorrando porque siempre quiso salir de esa constreñida realidad que lo asfixiaba. Además traía cinco preciadas alfombras que trasladaba con suma delicadeza, y de las que era dueño absoluto. Estaban cuidadosamente embaladas.
Estaban juntos por amor. Sin embargo, ambos buscaban más libertad. Las dos causales cerraron el estrecho lazo que los anudaba cada vez más fuerte.

Se refugiaron en una pocilga frente a la estación de trenes.
Estuvieron no más de quince días mientras tramitaban los papeles y documentos para llegar a Argentina.
Viajaron en avión, y a ella le afectó el cambio climático.
Una bronquitis fue la primera enfermedad que soportó en la nueva tierra.

Se instalaron en Rosario, una de las más hermosas ciudades de la provincia de Santa Fe. En el campo, el joven buscó a sus paisanos que sabían de su llegada. Era astuto como todo árabe. Y había hablado por teléfono para que le dieran trabajo y alojamiento.
Eran sus primos y no sólo los ayudaron sino que les hicieron regalos y hasta una fiesta,
Mayor fue la alegría cuando decidieron casarse, y en la casa de su tío, les prepararon el agasajo. Y se celebraron las nupcias.
Pasaron en esa localidad casi dos años, y al estar ella encinta de su segundo hijo decidieron comprar una residencia en un barrio cerrado, en la Capital Federal.
Privado y seguro.
Para allí partieron luego de una larga despedida de sus parientes que les regalaron dinero, joyas y ropas de muy buena calidad.
En “LOS PINARES” residían desde hace más de once años.
Es un chalecito hermoso en el barrio. Rodeado de vecinos ocupados en sus cosas que no preguntaban nada.
Compartíamos el ámbito colindante a la derecha de mi casa. Conozco la historia por ella. El jueves próximo pasado vino a conversar un rato, acompañada de dos de sus niños, de piel cetrina y ojos muy grandes.
Me sorprendí al verlos en el porche.
Me habló con un español dificultoso. Miré sus ojos oscuros de tristeza soñadora, y la hice pasar a la sala. Conversamos de temas sin importancia, que no recuerdo...
Me entregó un sobre de seda en el que resaltaba un tulipán bordado. Me pidió que lo escondiera, y si le pasaba algo a ella, lo destruyera inmediatamente.
Consideré no aceptar el pedido. Pero me rogó tanto...
Se hacía llamar Juana. Su marido respondía al nombre de Juan, y creo que se dedicaba a la industria textil.
Acá, en el country, nadie pregunta nada a sus vecinos.
Hoy apareció en el periódico la noticia. Fueron encontrados decapitados, y los cinco niños, de entre dos a ocho años están desaparecidos.
Es necesario que les cuente que de los niños, los investigadores y los peritos, no sabían nada.
La mucama de los Santamarino, se los dijo.
Ellos buscaron nuevos testimonios entre los residentes del Barrio y el personal de servicio.
Nos entrevistaron, como a todos los vecinos, y tuve que corroborar que los había visto, alguna vez...
Decidimos con mi familia que no podemos negar lo que hemos advertido. Sin embargo esa es toda la información que daremos. No sabemos de ellos nada más.
Los investigadores nos refutan que no creen que allí vivieran niños. No hay una pista ni el más mínimo detalle de que hayan estado. Ni juguetes, ni ropa, ni comida especial, ni nada...
Acabo de encender el hogar.
Hoy, 15 de agosto, arrimé leños y los encendí. Estoy quemando los papeles que he leído, y el sobre de seda con el tulipán bordado, que exhala un aroma a incienso al quemarse...
Si en algo no he sido del todo fiel al contar esta historia, sepan que estoy muy conmovida y puedo haber confundido lugares y fechas.
Este es un secreto que se va consumiendo con el fuego y se desvanece.

AMALIA LATEANO









1 comentario:

Anónimo dijo...

Atrapante, sinuoso. Me encantó. Un disfrute leerte mamiamalia...